“Solo descansa mamá”

Cada minuto de vida era un reto para ella, sus ojos apenas podía abrir para ver la cara de su hijo siempre a su lado, quien pasaba noches en vela cuidando su sueño. Mientras miraba por la ventana podía recordar los momentos vividos, sonreía, pero también entristecía, mientras lágrimas salían discretamente de sus ojos ¿cuántas cosas podían pasar por su cabeza? La persistencia de su enfermedad y el dolor la llevaba a desear la muerte, sin embargo no se rendía a ella al observar el sufrimiento en la mirada de su hijo, posponiendo entonces “la paz” que esta podia ofrecerle, renunciando a mermar el dolor, y luchando un poco por unos días más de vida.

Sentía la inmensurable necesidad de acercarse a un ser supremo, buscaba algo, algo que le ofreciera tranquilidad, buscaba la fe por doquier, en palabras, personas, iglesias, religiones, ¿por qué no busque antes de él? ¿por qué ahora? preguntaba a sí misma, pero seguía allí, sabía que él escucharía sus oraciones, quería vivir, aunque su cuerpo le diera señales de lo contrario.

A pesar del dolor su sonrisa era su mejor arma, trataba de hacerlo siempre, ella, su maligna acompañante, no podría borrarla, aun en sus dolorosas sesiones médicas, sumergida en medicamentos, aun cuando su cuerpo se negaba a intensos tratamientos, ella hacia el mejor esfuerzo, de la mano de su hijo, quien era su bastón, su amigo y cómplice, juntos la enfrentaban logrando vencer algunas batallas.

Pero su hijo podía ver su lucha esa tarde disfrazada con una leve sonrisa inventada para él, éste tomaba su mano calladamente acariciando su incertidumbre, como si no quisiera desprenderse de ella, él sabía que sufría, el dolor la asaltaba, que mitigarlo era absurdo, el mal se había apoderado de ella, los monitores de aquella fría habitación de hospital delatan su jadeante respiración, su pecho cansado, su intento por vivir y no defraudar a su joven hijo.

Él la amaba con todo su ser entonces se acercó a ella plasmando un prolongado y tierno beso sobre su frente, sabia que era el último, solo tres palabras con voz entrecortada producto de un nudo en su garganta pronuncio: “solo descansa mamá”, y una efímera sonrisa de su madre despidió el momento, esa tarde los tenues rayos del sol entraron por la ventana y cayeron sobre su rostro ya grisáceo sumergido en un sueño profundo, ya sin dolor sin dolor.

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